11 abr 2014

Marruecos

El otro día se me ocurrió un título mucho más original para esta entrada, pero mi escasez de material de escritura en situaciones cotidianas ha impedido que lo recuerde, así que es fácil predecir sobre qué voy a hablar. Aunque todavía no sabéis cómo.
Hay países. Y países. Muchísimos países en el planeta. Todos tienen millones de cosas en común, y todos tienen millones de cosas diferentes. La gente pasa por ellos cuando viaja y se impregna de virus, de recuerdos, y otras tantas veces de personas. Quizá Marruecos se acerque a este tipo de países, en los que la vida es igual que la de todos, y el tiempo tampoco se para nunca, el agua sigue siendo agua, y el sol no se ve mucho más grande en el cielo. Sin embargo, tiene algo, no sabría decir muy bien qué ni por qué, ni siquiera debería haber afirmado que "tiene" ese algo, quizá las personas que nos acompañan sean el motivo de ese algo, quizá la posición de la Tierra en ese momento, o la adrenalina que al sistema nervioso simpático le haya apetecido vomitar en ese instante. Pero quiero decir que lo tiene, y que Marruecos es un país especial, no quiero entretenerme más. Marruecos tiene colores, tiene olores, música, muchísimas personas, tiene especias y ropa brillante, alfombras y un zumo de naranja buenísimo, además de mucha sopa y brochetas, y arroz, claro, y qué decir de las naranjas. La atmósfera era un primer plano para hablar de este viaje, el aire que inhalábamos no era más que todo esto, y algunos sentimientos que no sabría describir. Es muy complicado hablar de todo, porque todo es muchísimo. Marruecos es pasear por la medina de Fez y meterse la menta hasta la tráquea sacando fotos a los métodos de trabajo de los curtidores; es evitar las cositas negras de la arena de Sáhara con los pies descalzos, aunque no sean escorpiones; es dormir dos horas como muchísimo o quemarse los dedos encendiendo una cachimba; es respirar el aire más exquisito del mundo contemplando las estrellas en el desierto, y enrollarse como un gusano en mantas mientras te inventas algunas constelaciones; es dormir en el bus, escuchar Mayday Parade en el bus, comer galletas en el bus, jugar a furor en el bus, vivir en el bus, básicamente; es regatear gritando "student no money, España crisis, Rajoy, Merkel" y sorprenderse de lo conocida que es Salamanca en el mundo; es quedarse afónica y reírse por todo, comparar monos con urracas y gritar "uajam"; es posar para fotos, sentirse observada, alabar los bufés, comprar botellas de agua de 2 litros, amar la gena (u odiarla), pasear por los hoteles; es Ashamed y las bañeras rotas, el agua amarilla y la incertidumbre ante la carne de cordero; es vida y libertad, pañuelos y piropos, arena y tráfico descontrolado, noches increíbles y personas. Personas que hacen que sea, que fluya, que lo llevan a lo más alto y dejan nuestra vida mucho más serena. Gracias para qué, si ni siquiera rozaría lo que quiero decir... Mejor digo sucran y creo que valdrá.