29 nov 2014

Acojonada


Qué hago. Me pongo nerviosa, no sé qué hacer o decir, casi ni te conozco, casi estás fuera de todo, casi parece que ni estás, o peor, que estás y no te veo. Casi parece que nada, o incluso peor, que casi todo. Casi estoy perdida y sigo pensando que tú eres la única salida de este mundo. Lloro. Y me doy cuenta de todo, de lo que he fallado y tú no, de toda la mierda, del tiempo y de lo cortos que son los días. No sé a dónde prefiero volver, si a mí o a ti, no sé ni dónde estoy, ¿dónde piensas que estoy? ¿Dónde vas a encontrarme? Dónde… Dónde vas a poder salvarme otras tantas veces, dónde va a ser todo igual… Estoy totalmente sola entre cuatro paredes de acero, muy juntas, me asfixian, me aplastan, me están matando, y por un momento no soy yo, solo soy materia primera, sin forma, sin esencia, soy un ente inmóvil, sin física ni cambio. Soy algo que no conoces, pero me encantaría entrar a llamarte y enseñártelo todo, me encantaría gritar tu nombre entre mil personas, mancharte, pegarte, morderte, solo para que notes que soy yo y que no me conoces todavía, solo para que te des cuenta de que sigo aquí. Y luego simplemente vuelvo a mi dramática existencia y pongo cara de película, y a lo mejor pienso un poco en ti, a lo mejor pienso en todo lo que me gustaría que pensaras, entrar ahí y verlo, retorcerme de placer viéndolo. Sigo pensando… Y puede que para ti no sea la mejor, porque hay otras mejores, las hay por todas partes, y por un momento odio todo, absolutamente, el dolor es demasiado y todos podemos imaginarlo. Estoy loca, y cada vez más, casi me doy miedo, me arrepiento de cada paso, de cada instante, miro atrás y Eurídice ya ha muerto demasiadas veces, y la vida sigue avanzando sin esperarme, no puedo irme de aquí sin cogerte de la mano, no puedo salir del barullo y entrar en el tren equivocado, no puedo dejar que te vayas sin mí. Y sigo pensando… Sigo, pienso, pienso a todas horas, me distrae, me desquicia, me mata, pero lo hago, es simplemente una respiración cerebral. Sigo sí, y pienso en ti otra vez. Y luego en mí, por fin. Y casi creo que me estoy rompiendo más rápido que todo lo demás, casi muerta en el suelo, me quedo mirando los trenes, ¿cuál cojo? Me odio desde fuera, me grito, me insulto, me golpeo, caigo, me levanto, caigo… ¿Lo estoy otra vez? Siempre estás tú al final de todo, me levanto, te sonrío, lloras, te abrazo, y sé que eres tú porque me abrazas también.

Acojonada


Qué hago. Me pongo nerviosa, no sé qué hacer o decir, casi ni te conozco, casi estás fuera de todo, casi parece que ni estás, o peor, que estás y no te veo. Casi parece que nada, o incluso peor, que casi todo. Casi estoy perdida y sigo pensando que tú eres la única salida de este mundo. Lloro. Y me doy cuenta de todo, de lo que he fallado y tú no, de toda la mierda, del tiempo y de lo cortos que son los días. No sé a dónde prefiero volver, si a mí o a ti, no sé ni dónde estoy, ¿dónde piensas que estoy? ¿Dónde vas a encontrarme? Dónde… Dónde vas a poder salvarme otras tantas veces, dónde va a ser todo igual… Estoy totalmente sola entre cuatro paredes de acero, muy juntas, me asfixian, me aplastan, me están matando, y por un momento no soy yo, solo soy materia primera, sin forma, sin esencia, soy un ente inmóvil, sin física ni cambio. Soy algo que no conoces, pero me encantaría entrar a llamarte y enseñártelo todo, me encantaría gritar tu nombre entre mil personas, mancharte, pegarte, morderte, solo para que notes que soy yo y que no me conoces todavía, solo para que te des cuenta de que sigo aquí. Y luego simplemente vuelvo a mi dramática existencia y pongo cara de película, y a lo mejor pienso un poco en ti, a lo mejor pienso en todo lo que me gustaría que pensaras, entrar ahí y verlo, retorcerme de placer viéndolo. Sigo pensando… Y puede que para ti no sea la mejor, porque hay otras mejores, las hay por todas partes, y por un momento odio todo, absolutamente, el dolor es demasiado y todos podemos imaginarlo. Estoy loca, y cada vez más, casi me doy miedo, me arrepiento de cada paso, de cada instante, miro atrás y Eurídice ya ha muerto demasiadas veces, y la vida sigue avanzando sin esperarme, no puedo irme de aquí sin cogerte de la mano, no puedo salir del barullo y entrar en el tren equivocado, no puedo dejar que te vayas sin mí. Y sigo pensando… Sigo, pienso, pienso a todas horas, me distrae, me desquicia, me mata, pero lo hago, es simplemente una respiración cerebral. Sigo sí, y pienso en ti otra vez. Y luego en mí, por fin. Y casi creo que me estoy rompiendo más rápido que todo lo demás, casi muerta en el suelo, me quedo mirando los trenes, ¿cuál cojo? Me odio desde fuera, me grito, me insulto, me golpeo, caigo, me levanto, caigo… ¿Lo estoy otra vez? Siempre estás tú al final de todo, me levanto, te sonrío, lloras, te abrazo, y sé que eres tú porque me abrazas también.

7 nov 2014

Delante de una gran ventana gris


A veces  me gusta sentarme delante de una gran ventana gris. Su textura, imagen y tamaño son inexplicables. No emite, no refleja luz, es solo una ventana, algo gris, no demasiado gris. No, no es gris. Casi ni es nada. Es una ventana, un hueco que conduce hacia algo, una puerta casi. Y yo me siento, justo en frente, y casi toco el suelo al rozarlo. El suelo sí es gris, gris oscuro. No os voy a mentir, es un sitio triste, ni siquiera sé dónde está ni por qué, pero esa ventana, ese suelo… Alguien tiene que ser partícipe de semejante caos. Sin embargo, este desorden cromático y lúgubre crea una atmósfera única y muy difícilmente imitable, que ocupa toda la habitación, y lo que es más impresionante aún, satura mi mente, la empapa. Una atmósfera etérea y sutil, y a la vez pesada, aplastante, ruidosa, compuesta de paz y de cientos de años, cientos de personas. El conocimiento alcanza un grado de degradación imposible, mezclando números, arte y cuerpos ideales, y la probabilidad se apodera del mundo, la imaginación desbocada recae sobre la realidad como un bloque de hierro, muy despacio, en silencio. Un silencio que habla de las manchas de aceite en el motor del metro, del libro que nunca fue escrito, de las estrellas que no vemos, incluso de las patas de las moscas, de la historia que no conocimos y que no llegaremos a conocer. Es un silencio lleno de vida y de cosas por hacer, un silencio que no debe acabar nunca, simplemente ser imitado y destruido. Delante de la ventana, mientras escucho el silencio, puedo cerrar los ojos y empezar a ver por fin.