5 nov 2016

Transición

La vida parece pesada a veces. Y solo la percepción humana (engañosa) es la que separa el verbo parecer del verbo ser. La vida es pesada a veces, y cuesta arrastrarla, ya que se agrieta y desgasta cuando se somete a días interminables, tristeza, cargas cíclicas. Las imperfecciones brotan con los años, eso es así, no podemos esperar nada bueno, ni tampoco malo, del paso del tiempo. Simplemente es tiempo, vivir o no es elección nuestra, y tal y como dice Radiohead "i'm not living, i'm just killing time". Muchas veces temo el olvido y la soledad imperceptible, la tristeza manifestada de forma más solemne, incluso, que el aleteo de un pequeño insecto. Y, ¿qué nos queda? ¿Cómo evadir el cuerpo, el alma, la mente, de esos sentimientos tan intensos como devastadores? Nos refugiamos en recuerdos, en música, tinta y papel, con suerte en personas que realmente estén interesadas en nuestra causa, aunque esta situación es menos frecuente. La sucesión de acontecimientos psíquicos, a los que anteriormente me he atrevido a llamar "sentimientos", aparece a lo largo de la vida, y aquellos con profundidad e intensidad poseen la suerte o la desgracia de vivirlos más de cerca. Sobre todo aparecen en etapas de transición: la soledad del grano de arena entre miles de millones de iguales, el smog químico de las grandes ciudades actuando como cúpula hermética, la tristeza de la impotencia exacerbada y de la depresión crónica, honda, hiriente, latente. La transición es dolorosa cuando solo tú mismo apareces al borde del precipicio para intentar salvarte, pero solo esta transición conduce a otro lugar, la vida o la muerte. Sigamos ese camino, aguantando con vendas, goteros, reconstrucciones óseas y cirugías, pero de pie, y solos junto a nosotros mismos, cantando, esperando lo mejor, AMANDO, y sintiendo cada poro del cuerpo rebosando vida... Esa transición nos dirige hacia un futuro que podremos hacer nuestro, y del que aún no sabemos absolutamente nada. Dejémonos fascinar por el temor de lo inesperado y la adrenalina de lo espontáneo. No hay otra forma de llegar hasta la meta.