2 may 2014

Mirar a través de la ventana parece algo inútil cuando no puedes aspirar lo que hay fuera, simplemente puedes mirarlo y lamentarte de que tu vida sea tan aburrida, de estar enterrada entre malos ratos y ganas de vomitar. He despertado hace muy poco y me he dado cuenta de que las cosas no son como yo creía, sino que son como una tremenda pesadilla, o quizás es que mi ornamentada realidad cerebral era demasiado bonita. El tiempo pasa, los apuntes crecen, las esperanzas desaparecen y te sientes sucia, las deudas se acumulan y se gasta demasiado maquillaje para no parecer triste, o porque se llora demasiado; la primavera comienza y algo en tu corazón sigue estancado en el invierno, tira de tu cuerpo y no te deja avanzar. Entonces el corazón deja de hablar y muchas veces parece que ni tienes, ni te reconoces a ti misma. Todo esto es tan triste y tan cierto... Nadie entiende a veces el sufrimiento de una persona, sigo preguntándome si el sufrimiento es mejor compartirlo para que sea más ameno o simplemente cargar con él por mucho que pese, pero no molestar a otras personas.
No soy muy feliz hoy, estoy sentada en mi cama intentando explicar lo que me pasa y creando, seguramente, una imagen que nadie conoce de mí. No sé si es estar en casa, no sé si es sentirme sola o que necesito tener lo que quiero, no sé si son estos meses, si es la muerte o la vida, o yo. Intento seguir trepando y alejarme de la costumbre, aunque no quiera, pero bien sujeta, para no morir si caigo.