A lo mejor no me lo creo, el tiempo, su capacidad de evaporarse, la vida, y lo sólida que parece al
encontrarse cara a cara contigo, lo líquidos que son los recuerdos, capaces de hacerse olas, de entrar y
salir, de agitar personas firmes y verticales, intentando concentrar una perpendicularidad exacta con
el horizonte para no sentirse tan abstractas.
A lo mejor no puedo imaginarlo, por muchas cosas que pueda imaginar, y lo aburrido del viaje
termina, y lo que intento imaginar se vuelve real,
flota en las nubes, casi a mi lado, y un poco alejado de todo lo demás, pero soñando
que un recuerdo puede unir más que mil años siendo dichoso.
A lo mejor estamos tan juntos que tenemos miedo de explotar, de salir disparados, tú a las estrellas,
yo al frío núcleo terrestre, de que acabemos destruyendo el mundo,
de que arranquemos hojas sagradas y pulcras, cuando en realidad toda estructura
es un error sin nosotros.
A lo mejor nos necesitamos, el cuánto y el porqué pueden esperar, pueden reclamarnos
y gritar y quizá ahogarnos o matarnos, pero las cosas así son tan translúcidas que
no cuesta nada tornarlas transparentes, o por un exquisito milagro,
opacas.