19 jun 2013

Déjalo.

Estás viva. Respiras, pestañeas, te pica la piel y tienes frío o calor. Puedes ver, mirar u observar lo que pasa cerca de ti. Puedes sentirte especial, derrumbada, afortunada, con ganas de salir a la calle o de jugar un rato con tus antiguas muñecas. Tal es ese punto de atención que te das cuenta de que te gusta lo que ves, y tu mundo, los insectos, las bacterias, las células y los orgánulos de estas, puedes verlo todo y te gusta. También puedes darte cuenta de que hay cosas que no te gustan, no te gusta que los superdepredadores sobrevivan por ser los más fuertes, no te gusta ver cómo las cosas que tienes desaparecen, ni tampoco te gusta el olor del amoníaco. Evitas las incógnitas y las preocupaciones siempre que puedes, y cuando tienes días malos te echas a llorar porque eres tonta. Eres tonta y eso es así. Eres tonta porque no te das cuenta de todo lo que deberías, eres tonta por confiar, por sonreír y por dar lo mejor de ti. Solo tienes que mandarlo todo a la mierda de vez en cuando e irte de compras un rato con tus amigas.

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